Un informe que corrige un número oficial debe ser más transparente que el número que corrige. Aquí está cómo está hecho, con las cautelas que juegan contra nuestra propia tesis.
La fuente son los hechos penales conocidos de los Mossos d'Esquadra (datos abiertos), agregados por área básica policial y por subtipo del Código Penal. Los pesos del Delictòmetre son los días de prisión de referencia de cada artículo del CP, siguiendo a Sherman, Neyroud y Neyroud (2016) y el consenso de Cambridge de 2020; la tabla completa es pública. Declaramos las rupturas de serie conocidas: 2010, 2015 (la reforma del CP que reclasificó las faltas, motivo por el que nuestra ventana empieza en 2016) y 2022 (la entrada de la ley «solo sí es sí»). Y hemos sometido nuestro propio índice a prueba: recalculado sin ponderar y con los pesos capados, los siete primeros territorios del mapa son los mismos. El patrón territorial no es un artefacto de los pesos.
Sobre el «−6,3%» hay algo que ningún medio explicó: el president lo ha dicho dos veces y no significa lo mismo las dos veces. En el Dia de les Esquadres lo presentó como el descenso de delitos del primer trimestre, unos 9.000 hechos menos; en rueda de prensa a finales de abril, la misma cifra eran los hurtos de enero y febrero. Reproducimos la primera versión con datos abiertos: −6,28% contándolo todo, −6,36% contando solo el mundo físico; el balance oficial del Ministerio del Interior de España da −6,0%. Nuestra conclusión aguanta con cualquiera de las definiciones.
Tres cautelas honestas. Primera: los denominadores de población residente inflan las tasas de las zonas muy turísticas, como Ciutat Vella o el litoral. Segunda: el territorio virtual —los hechos sin lugar físico: fraude digital, sobre todo— era el 0,4% del total en 2011 y hoy es el 14,5%; no sale en el mapa porque no tiene geografía, y eso significa que la concentración real en la calle es más alta que la que medimos, no menos. Parte de su crecimiento puede venir de una mayor propensión a denunciar; incluso descontando la mitad, se habría multiplicado por dos desde 2016 (los datos dicen por 4,1). Y dentro del primer trimestre esconde signos opuestos: las estafas «bajan» un 1,3% en conjunto, pero las físicas suben un 10,8% y las digitales caen un 5,6%. Tercera, y como prueba de que contar es frágil: en el primer trimestre, la «entrada a vivienda ajena» sube +350 hechos, casi el espejo exacto de la caída de la «ocupación» (−464); es una recodificación probable entre dos artículos, y la usamos solo como ejemplo de la fragilidad del recuento, nunca como «las invasiones de domicilio se triplican».
¿Qué nos haría decir que sí, que Cataluña es más segura? Tres años seguidos de descenso del daño ponderado, total y por habitante; ninguna categoría grave subiendo de forma sostenida; y las distancias territoriales acortándose. El día que los datos digan eso, lo publicaremos con el mismo despliegue que esta página. Mientras no lo digan, las cifras de este informe quedan congeladas en la fecha de corte que consta al pie, y cualquier corrección se publicará con registro de cambios.
Todas las consultas que hay detrás de este informe están publicadas y son reproducibles.